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25 de noviembre de 2018

Estimados

NIÑAS, NIÑOS Y JÓVENES DE SOMOS PAZ

PADRES DE FAMILIA

COMUNIDAD DE LOS BARRIOS BRISAS DEL POBLADO, LA VICTORIA, URIBE VÉLEZ Y CIUDADELA MIA

ESQUIPO DE SOMOS PAZ

SEÑORES UNICEF

SEÑORES CORPORACIÓN REGIÓN

COMUNIDAD EN GENERAL

 

Como coordinadores generales de ASINCH lamentamos profundamente no estar presentes en este importante cierre de la iniciativa de teatro.

Nos sentimos profundamente orgullosos del trabajo que han llevado a cabo niñas, niños, adolescentes y jóvenes  en el desarrollo de Somos Paz y del trabajo realizado por nuestro equipo Ifigenia Garcés, Ingrid Gómez, Elías de Troya, Linda López y los enlaces Yossy Javier Rentería, Mabel Moreno, Carmen Sánchez y Johan Córdoba. 

 

Somos Paz, es un escenario de reconocimiento, empoderamiento y transformación. 

Un espacio de reconocimiento a nuestros orígenes, nuestros territorios, nuestros talentos y sueños. Un espacio de empoderamiento, porque quien honrar su cuna, quien honra su territorio con su sabiduría, sus expresiones y conocimientos, se honra a sí mismo y no le agacha la mirada a nadie. Un espacio de transformación porque el arte nos cambia: nos permite hablar desde donde las palabras se quedan cortas para hablar, nos permite mirarnos hacia adentro, reinventarnos, reflexionar en torno a nuestras cotidianidades y nuestra historia. 

 

En un contexto tan complejo como el que vivimos actualmente en Quibdó, el arte y el reconocimiento de los legados ancestrales son una necesidad vital. La cultura del miedo y la violencia nos ha roto, ha fragmentado vínculos profundos con nuestros territorios y entre nosotros como hermanos que compartimos un mismo origen. Es necesario que las niñas, los niños y los jóvenes sean escuchados, que  levanten su voz y expresen cómo se sienten. Sólo así podemos interrogarnos como sociedad y entender qué nos está pasando. Somos Paz ha sido más que una puesta en escena, ha sido un espacio para dar y exigir respeto, para aprender el concepto del cuidado y el autocuidado, ha sido un espacio para acogernos, abrazarnos, comprendernos como seres maravillosos capaces de transformarnos a nosotros mismos y nuestra realidad. Somos Paz, ha sido un privilegio para ASINCH y para todo su equipo, porque hemos aprendido muchísimo. Los chicos se han convertido para nosotros en un compromiso de vida, en un escenario de esperanza para  reconstruir lazos y terminar con la lógica de la colonialidad, el machismo que nos hace más violentos y el miedo, que no nos permite soñar.

En primer lugar, queremos agradecer a las niñas, niños y jóvenes que hicieron parte de este camino de arte y transformación. Gracias por recibirnos  en sus vidas, por abrirnos sus corazones, por demostrarnos todo su talento y capacidad de amar y ser amados. 

Agradecemos a los líderes de los barrios, a los presidentes, y a esas personas que hicieron posible que estas iniciativas se llevaran a cabo como Daniela Confalonieri y la Hermanas Vedrunas en Brisas del Poblado, y la Fundación Pies Descalzos en La Victoria.

 

Agradecemos también a Corporación Región por este camino recorrido, por todos los aprendizajes  y el apoyo en este trayecto de comprensión y acompañamiento a los territorios. Gracias a Yokima y todo su equipo, gracias, gracias, gracias. A Isabel Venegas , Lina Códoba y a Bryan Montoya junto al equipo de Escuelas en Paz.

 

A IMESCO en cabeza de Manuela Mosquera y a todo su equipo por acompañarnos en el territorio y en los escenarios de intercambio colectivo.

 

Gracias a UNICEF por reconocer el trabajo de ASINCH, nuestras metodologías y caminos propios para comprender la ancestralidad, los lenguajes corporales y la capacidad del arte para sanarnos y reconciliarnos. Queremos especialmente agradecer a Jorge Garzón por su apoyo incondicional, a Juliana Villa por su acompañamiento y entrega con el proyecto Quibdó, municipio seguro para niñas, niños y adolescentesy a Martha Garzón por su compañía, por su presencia…  y por creer.

 

A la alcaldía de Quibdó por su confianza, por ver en ASINCH un aliado, no solamente en Somos Paz y su trabajo en los barrio de la zona Sur y Ciudadela MIA, sino también por su confianza con el trabajo que realizamos en El Reposo, Álamos, Bahía Solano y Villa España. Para ASINCH es un honor, construir ciudad y hacer del arte y el reconocimiento a los saberes ancestrales, un escenario de reconciliación, vida y esperanza.

 

Gracias a quienes nos acompañan hoy… y  un especial reconocimiento a Ifigenia Garcés por su empeño de sacar esta obra adelante y un aplauso enorme a nuestro equipo de ASINCH que nos acompañó en Somos Paz y que esperamos que nos siga acompañando en este sueño colectivo que emprendimos desde 1990.

 

Gracias, miles y millones de gracias

Ana María Arango Melo y Leonidas Valencia Valencia

2O de septiembre de 2018

SE- MENTAL: CUESTIONAR EL MACHISMO ES UNA OPORTIUNIDAD PARA LA RECONCILIACIÓN

San Pacho abre espacio Sé - Mental una mirada crítica al machismo como estrategia para La Paz y la reconciliación.

Mediante la creación de una comparsa de la reconciliación llamada “Sé – Mental” la Asociación para las Investigaciones Culturales del Chocó “ASINCH”, propone una estrategia para cuestionar el machismo, como una oportunidad para la reconciliación.

Esto a través del acercamiento entre jóvenes de 8 barrios de las zonas norte y sur de Quibdó, participantes de los proyectos “Vení Cantá. Sueños que suenan”, que trabaja para fortalecer capacidades artísticas de jóvenes de los barrios El Reposo, Los Álamos, Bahía Solano y Villa España, con el fin de lograr cohesión social y reconstrucción de memoria histórica, articulados a los jóvenes participantes de la estrategia Somos Paz: “Quibdó, municipio seguro para niños, niñas y adolescentes”, que busca fortalecer capacidades artísticas, generar y difundir escenarios de encuentro, ofrecer un acompañamiento psicosocial e implementar herramientas pedagógicas que permitan la reconstrucción de la memoria histórica a través del canto con jóvenes que habitan barrios de alta vulnerabilidad social en Quibdó como Ciudadela Mía, Uribe, La Victoria y Poblado.

Ambos procesos han profundizado en situaciones y problemáticas que hacen parte de la cotidianidad de los jóvenes en un contexto cargado de violencias, entre ellas las basadas en género, que agravan aún más los riesgos a los que constantemente se exponen en un contexto donde la violencia estructural hace presencia de forma contundente.

Así que, en el marco de las fiestas de San Pacho, un escenario donde confluye el pueblo, apelando a la importancia de las expresiones culturales para la interacción entre la juventud, se propone una comparsa dada la significación del baile como forma de expresión de las vivencias de los jóvenes en medio de la tradición y la evolución cultural, pero también como un mecanismo efectivo para propiciar la reflexión.

“Sé – mental” es una invitación a que los jóvenes involucrados en estos procesos cuestionen las ideas preconcebidas sobre lo masculino e indaguen en otras formas de ser hombres y mujeres en su entorno, mediante el acercamiento a nuevas ideas sobre el amor propio, el autocuidado, el relacionamiento sano entre pares y el respeto a la diversidad sexual y de género.

Así que en medio del bunde los jóvenes bailarán por la vida, por la reconciliación y en busca de una paz que comienza consigo mismos y se comparte en comunidad.

En esta comparsa fue ganadora de la convocatoria Retos del programa De Igual a Igual de ONU Mujeres participan: USAID, AcdiVoca, Alcaldía de Quibdó, Corporación Región, UNICEF y la Corporaloteca de la Universidad Tecnológica del Chocó.

Y el sábado 22 septiembre tendremos en Quibdó el FESTIVAL DE LA RECONCILIACIÓN cierre de proyecto Vení Canta. A partir de 2 PM en el Auditorio De La UTCH entrada libre ARTISTAS INVITADOS, Grupos de baile y jóvenes participantes de los proyectos.

. Haz clic aquí para agregar tu propio texto y edítame. Es muy sencillo.

15 de febrero de 2018

ASINCH, ACDI / VOCA y USAID, desarrollan el Proyecto "Vení cantá. Sueños que suenan", en Quibdó

La Asociación para las Investigaciones Culturales del Chocó – ASINCH, en su propósito de generar espacios de reconciliación desde el arte en Quibdó, desarrolla el proyecto “Vení cantá: Sueños que suenan”, con el apoyo de ACDI / VOCA y USAID. 

“Vení cantá. Sueños que suenan”, inició el 12 de septiembre de 2017, con su presentación ante líderes de los barrios priorizados: Los Álamos, El Reposo, Villa España y Avenida Bahía Solano, en la sede de la Federación Comunal del Chocó. (Barrio Kennedy). Es un proyecto encaminado a la cohesión del tejido social, en 400 jóvenes con situación de vulnerabilidad, entre los 14 y 28 años de edad, provenientes de comunidades afectadas por la violencia, a partir de la construcción de valores ciudadanos mediante procesos de formación, creación y movilización de expresiones artísticas (musicales, escénicas, y audiovisuales), con formatos tradicionales y urbanos, cuyos contenidos puedan contar, tanto situaciones difíciles vividas, como proyección de sus sueños y aspiraciones en torno a la paz y la reconciliación.

El proyecto consta de 2 etapas: Concientización y Movilización. Se ha venido desarrollando la etapa de Concientización, con procesos de formación en composición y producción musical, baile tradicional y urbano, y creación narrativa, aplicando una metodología incluyente y con enfoque diferencial étnico que permita la réplica en otras comunidades étnicas. Así mismo, el Equipo Psicosocial realizó un diagnóstico que ha permitido conocer formas de romper fronteras entre comunidades y crear alianzas desde el arte. Así, los participantes fortalecen proyectos de vida y generan oportunidades para contrarrestar la violencia entendida como opción de vida. A su vez, los líderes de cada barrio reciben formación integral en emprendimiento cultural, diseño de proyectos, liderazgo y artes.

Los participantes, con la colaboración de sus líderes, han creado “Minifestivales de las artes” en sus barrios, con muestras de cantos y bailes, tradicionales y urbanos, completando 3 minifestivales: Avenida Bahía Solano (30-09-2017), Villa España (08-10-2017) y Los Álamos (11-11-2017), cuyo minifestival permitió espacios de convivencia e integración de los participantes, provenientes de cada barrio.

ASINCH y su proyecto “Vení cantá. Sueños que suenan”, destaca su participación en el Festival Detonante 2017 / Quibdó (06-12-2017), con agrupaciones integrantes del proyecto. Son ellas: “Black Boys Chocó”, de la urbanización “2 de mayo”, de El Reposo, y “The Big Bahía”, de Avenida Bahía Solano.

Con lo anterior, “Vení cantá. Sueños que suenan”, completa su etapa de Concientización (2017). Inicia su etapa de Movilización (2018). Con ello, el 17 de febrero de 2018, niños y jóvenes participantes del proyecto, provenientes de los 4 barrios, generaron un espacio de integración, como inicio de la etapa en curso, en instalaciones de la Secretaría de Juventud, de Quibdó.

Con este proyecto, ASINCH afianza sus propósitos a través del proyecto “Vení cantá: Sueños que suenan”, con el apoyo de ACDI / VOCA y USAID.

23 de mayo de 2017

Apoyo al Paro cívico indefinido en el Chocó

 

De sangre caliente

elástico cuerpo

manos diligentes

amigo del sol

un temple rebelde

oro acrisolado

herencia de grandes

Barule y Biohó,

se levanta el negro

desafiando el tiempo

en el olvidado

rincón del Chocó

 

Cuna de palenques

marca su pasado

cimarrón valiente

que a la historia dio

orlas en combates

egregios sesudos

su cultura, su folclor alegre

cantado y bailado

al son de clarines

y cueros templados

De la madre tierra

como ayer violada

alza la bandera

por la dignidad

 

Con razón se encuentra

su gente cansada

de esa larga historia

clamando equidad

 

Revive en su grito

las gestas de otrora

los genes inquietos

de la libertad

 

Un volcán en fuego

agita en sus venas

la sed de un futuro

 con paz y equidad

 

(Negro del Chocó, Isnel Alecio Mosquera Rentería, 2014)

 

El Paro Cívico indefinido por la salvación y dignidad del Chocó lleva catorce días. Días de marchas pacíficas, concentraciones, actos culturales y eucaristías que son muestra de la experiencia y sabiduría de un pueblo pacífico, que en el curso de los últimos 60 años, se ha movilizado en múltiples ocasiones para reivindicar su dignidad, poniendo a prueba su capacidad de adaptación a situaciones adversas. Es lo que la ciencia llama resiliencia, ante la falta de compromiso ético y la inoperancia institucional en manos irresponsables.

 

En la actualidad el Chocó, presenta uno de los índices de calidad de vida más bajos del país, el cual ronda tan solo el 28%, mientras que el índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) es del 81.9%: La población ubicada por debajo de la línea de pobreza  es de un 78,5% mientras que la indigencia prsenta un  31,8% (Defensoría del Pueblo Regional Chocó 2014). Frente a estas cifras que evidencian la inequidad frente al resto del territorio colombiano, el pueblo ha debido enfrentar en las últimas décadas uno de los capítulos más tristes y violentos en la historia de este territorio: incursiones paramilitares que sembraron el terror y convirtieron los ríos en afluentes de sangre, despojo y desapariciones forzadas, control de los grupos ilegales sobre tierras campesinas para convertirlas en siembras de coca, explotación minera ilegal, despojo de maderas y corredores de tráfico de armas y drogas. Y, por lo tanto, cabeceras municipales receptoras de miles de familias desplazadas que llegaron a habitar los cinturones de hambre y miseria teniendo que soportar en ellos miedo, violencia y exclusión.

 

Esta vez el pueblo sale a la calle, no para pedir algo “nuevo”, sino para exigir al Estado que cumpla con los acuerdos firmados en ocasión del paro cívico de agosto del 2016, cuando al cabo de una semana de movilizaciones los delegados del gobierno firmaron con el comité cívico por la salvación y dignidad del Chocó un documento acuerdo de 10 puntos.

 

Desde el 10 de mayo, cuando cerraron comerciantes, bancos, escuelas y demás establecimientos el ambiente en el paro ha sido optimista, lleno de vitalidad, pero sobre todo pacífico. La primera respuesta del Estado, como siempre, ha sido el envío de policía y ESMAD. Los chocoanos han reaccionado sacando clarinetes, tambores y banderas como armas de lucha. Frente a la dinámica de las movilizaciones las acciones de la fuerza pública han sido exageradamente agresivas, llegando a causar heridos en algunas de las marchas organizadas, ignorando la presencia de niños y mayores. Aun así, el pueblo sigue en la calle.

 

Como investigadores, académicos, artistas y gestores culturales valoramos el ejercicio de construcción de ciudadanía incluyente que el comité cívico, conformado por múltiples sectores sociales, está impulsando. Desde el último paro en 2016 el comité ha venido haciendo veeduría a los acuerdos firmados, que no son otra cosa que la exigencia a unos derechos fundamentales como la vida, la defensa del territorio y la movilidad. Acuerdos  en donde se reconoce  también la necesidad de un enfoque étnico diferencial y un Plan Departamental de Etnocultura del Chocó 2017-2027.  

Al no haberse cumplido ni presentado avances en el cumplimiento de los acuerdos, se hizo el llamado a una nueva movilización. Al terminar cada día de paro, el comité rinde cuentas a la ciudadanía e informa a través de diferentes medios sobre avances y pasos a seguir en la lucha. Una valiosa experiencia de democracia desde abajo que los medios de comunicación y elites nacionales no saben ver ni valorar.

 

Después de diez días de paro, los pueblos indígenas se sumaron a la lucha, los unos cerrando la carretera Quibdó - Medellín, los otros marchando en Quibdó y la guardia indígena cuidando por el bien del pueblo ante posibles vandalismos, saqueos de unos pocos o ante agresiones de parte de la fuerza pública. Esto se llama construir territorio desde la interculturalidad y lo aplaudimos con optimismo, con la esperanza que los aprendizajes de este paro sigan vivos entre su gente. A pesar de todo ello, de la resistencia de la gente en los barrios, donde escasea la comida y la plata en los hogares, de parte del Estado solo hay silencio e indiferencia. Y los medios de comunicación están preparados a informar sobre la violencia, y no sobre las acciones pacíficas. Los pregones, el teatro, la danza, el canto y la chirimía han sido ejes articuladores del clamor del pueblo chocoano pero las noticias nacionales están lejos de registrar estos lenguajes. Vende más poner de relieve los escasos actos de violencia que se han presentado en el choque y desmanes de la fuerza pública .

Destacamos el papel de artistas y jóvenes quienes se han sumado al paro dándole la vitalidad que éste necesitaba. La música es clave, así como Isnel Alecio le canta al tambor compañero, como un elemento ancestral que cumple la función social de “convocante constante”:

 

En estos tiempos notorios

Por percances y violencia

El llama a la resistencia

Y a aferrarse al territorio,

Acompaña en los velorios,

Los ritos, las fiestas y otros

Actos que dan a los rostros

Expresiones animadas,

En toditas las jornadas

Marcha siempre con nosotros

(El tambor nos acompaña, Isnel Alecio Mosquera Rentería, 2014)

 

Los chocamos y chocoanas tienen voz, pero en Bogotá no la escuchan. La forma de relacionarse con el Pacífico es una constante histórica desde el centro del país, y las transformaciones que necesita la región son estructurales, es un cambio de mirada. La mirada al Chocó es colonial y extractivista a todos los niveles, hacia los chocoanos y hacia su territorio. Es necesario cuestionar el modelo de desarrollo que se impone sobre nuestra región. Estamos convencidos que este relacionamiento debe empezar a construirse de otra forma, reconociendo a los chocoanos como ciudadanos, sujetos políticos de este país, con sus saberes y sus visiones de la vida.  Es necesario comenzar por una justicia epistemológica, un verdadero diálogo y reconocimiento de saberes, sin el cual nunca habrá una verdadera justicia social.

 

Apoyamos el paro cívico por la salvación y dignidad del Chocó y queremos rescatar su profundo sentido social y pacífico, rechazando toda estigmatización por parte de otros.

Que el pueblo tenga la fuerza y valentía de seguir luchando por la justicia social, con amor, alegría y creatividad.

Que los gobernantes además comprendan que la cultura es un elemento medular en la vida cotidiana y las acciones políticas del pueblo chocoano. El sector cultural de nuestro territorio, sus actores, ya no son los mismos de hace veinte años. Por lo tanto, las políticas públicas y sus funcionarios deben estar a la altura. Queremos una política pública cultural idónea y respetuosa.

Exigimos al Estado que aprenda a escuchar al Chocó y a conocer su territorio, pero no desde una mirada extractivista y exotizante, sino como parte de Colombia. Esto significa respetar acuerdos firmados y reconocer el Comité cívico como sujeto político legítimo, representando a los chocoanos.

 

¡Ni un paso atrás!

 

“Asinch”

Asociación para la Investigaciones Culturales del Chocó

 

18 de mayo de 2017

Estimada profesora Patricia Nieto

 

Con sorpresa y desconcierto leímos su texto de Verdad Abierta el día 16 de mayo de 2017 “El silencio de Bojayá”. El desconcierto tiene que ver con nuestra propia trayectoria como académicas que hemos estado vinculadas con procesos investigativos en la región y con el reconocimiento de su trabajo respetuoso con las víctimas del conflicto armado en el país. Nos preocupa que la solicitud del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá  sobre “que los medios se abstengan de documentar el proceso de exhumaciones” sea percibida como un “veto” y obstaculización de la labor periodística de parte de “algunos líderes” que “en nombre del dolor, […] se erigen en un poder de hecho para controlar la información.”  Este desconcierto se torna en malestar cuando en un articulo posterior publicado en Hacemos memoria, Margarita Isaza cita al director del portal de Verdad Abierta caracterizando esta solicitud como “una reacción extrema” y la opinión de una periodista argentina de que es “escandaloso” que la sociedad civil se “adueñe” de las voces, o la forma como el periodista Pascual Gaviria describe al grupo de líderes como un “comité de tribunos que censuran, ordenan, manipulan y actúan más allá de la Constitución y las leyes”. Estas cargadas imputaciones a una comunidad que se la ha jugado por la paz y por reparar los mundos de vida y muerte que la guerra desequilibró vienen desde nuestro punto de vista de una asumida  superioridad al recurrir a un supuesto principio universal del derecho a la información que desconoce los estándares y los consensos internacionales establecidos en materia de exhumaciones en situaciones de desastre y masividad, como lo fue el crimen del 2 de mayo de 2002.

No siempre la palabra, la documentación y la puesta en público desenmascaran los silencios o hace audibles verdades

Su texto propone un debate necesario pero deja la sensación de que fue escrito al calor de la situación negativa que vivió los pasados días en Bellavista, Bojayá. La invitación es a no quedarse con una sola perspectiva, porque seguramente para la gente de Bojayá ese encuentro con ustedes también fue un encuentro violento, un encuentro con profesionales que se niegan sistemáticamente, como lo narra usted en el texto, a aceptar la negativa de la comunidad a ser registrados, contados, documentados. Evento desafortunado que tiene resonancia en los medios a partir de una sola perspectiva y con un tono acusatorio que carece de un contexto adecuado sobre cómo y por qué se construyó la postura de vivir el proceso de exhumación sin la presencia de la prensa. Esta postura se aplicó por el Comité durante el acto de perdón de las FARC  en el año 2015 y produjo reflexiones que valdría la pena traer a colación, pues supuso, como lo describió María Jimena Duzán la ausencia de “medios que los mostraran sin contexto y sin pudor”.

Lea la respuesta del Comité de Víctimas a las críticas de Nieto

Valoramos profundamente su trabajo periodístico e investigativo; su pluma lúcida y aguda ha aportado relatos profundos y conmovedores sobre el día a día de la guerra en el país y sobre las historias tan diversas del conflicto. Hoy sin embargo, escribimos desde el lugar del desacuerdo respetuoso acerca de lo que pareciera considerarse derechos incuestionables de académicos, periodistas o relatores de las historias de la guerra. Escribimos también desde la duda profunda acerca de nuestras responsabilidades profesionales y ciudadanas con la manera como representamos el dolor y los procesos de reparación en el contexto de un país que trabaja por la construcción de la paz y que trata de desaprender la militarización de la vida que la guerra implantó en regiones como Bojayá. ¿Dónde queda la responsabilidad de reconocer que la relación de los medios e investigadores con las comunidades se ha caracterizado no solamente por la “ayuda” sino particularmente por la apropiación de sus historias o la explotación del dolor, razones por las cuales muchas comunidades miran con recelo y desconfianza la labor periodística e investigativa?

En Bojayá no existe un solo silencio, sino muchos. La experiencia de esta población ha estado atravesada por silencios que también son creados por la palabra, narraciones que los han opacado, que revelan exclusivamente lo que parece interesarle a esa masa difusa de la “opinión pública”. No siempre la palabra, la documentación y la puesta en público desenmascaran los silencios o hace audibles verdades. Creemos que esto lo saben muy bien los periodistas y nos sorprende que usted quien, justamente, lidera en el país la reflexión sobre lo que implica hacer periodismo en tiempos de transición, no tenga en cuenta esos matices del silencio y la palabra en estos contextos. Autores que han trabajado con víctimas de violencia extrema han evidenciado que los silencios también comunican y nos dicen mucho sobre las experiencias de dolor y de resistencia. Aprender a leerlos y no partir de la generalización de que la palabra alberga la verdad es un gran reto que tendremos como país en tiempos de transición.

Bojayá ha tenido la experiencia de subir y bajar al ritmo de la “opinión pública”, de sentir el interés desbordado en momentos coyunturales y la indiferencia total en tiempos ordinarios cuando las familias deben lidiar con el dolor y la precariedad.  Consideramos que el reclamo de autonomía sobre su dolor, sobre el momento ritual de reencuentro con sus muertos no puede interpretarse como la instalación de un silencio, de un veto o una censura. Esta interpretación es peligrosa e injusta pues desconoce la capacidad de agencia de las víctimas que con tanto interés y empeño usted, y otros periodistas, han reivindicado.

Consideramos que la exaltación de la palabra no nos lleva a un buen debate y mucho menos cuando parece defenderse solo la palabra de  quienes están “autorizados” a narrar. ¿Cuál es el papel de la investigación social y periodística cuando nuestros interlocutores reclaman la autonomía para narrarse a sí mismos? ¿Somos incapaces de aceptar la negativa de tomar una foto, de guardar nuestra libreta o nuestro grabador? ¿Solo es posible narrar desde el primer plano? ¿Qué otras formas de estar presentes y ser testigos podemos encontrar para no irrumpir violentamente en los espacios que las personas decidieron construir sin nosotros?

Bojayá ha tenido la experiencia (…) de sentir el interés desbordado en momentos coyunturales y la indiferencia total en tiempos ordinarios cuando las familias deben lidiar con el dolor y la precariedad

Con excepción de la acusación de que los líderes de Bojayá ejercen su poder en nombre del dolor, su artículo no se detiene a considerar el impacto y la carga emocional que los procesos de exhumación traen a las personas, familias y en general a la comunidad. A los quince años de una masacre que cobró la vida de tantos, en particular de niños, y de la imposibilidad de haberles podido enterrar de acuerdo a sus rituales mortuorios, los bojayaseños e integrantes de Comité de víctimas han liderado un proceso ejemplar para la exhumación de sus muertos y para emprender los procesos de duelo y de sanación acordes a su visión del mundo, de la vida y la muerte. Tras el acto de perdón de las Farc, durante 2016 y antes de iniciar el proceso de exhumación las familias de las víctimas realizaron varias asambleas y reuniones, de las cuales se han derivado las decisiones y acuerdos que hoy la están haciendo posible. El proceso ha sido largo y dispendioso como lo muestran en su comunicado, es por tanto un proceso que difícilmente puede ser leído como  arbitrario, silencioso o solitario. Incluso, es un proceso que no niega la posibilidad de diálogo con la prensa, pues plantea unos criterios que son los que aquí generan un conflicto y están por discutirse para construir relaciones más desde la colaboración y no desde la confrontación o acusación ligera.

Un insumo adicional que creemos importante compartir es que el Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá es la expresión organizativa del Medio Atrato que emergió en el contexto del proceso de paz entre el Gobierno y las Farc; su configuración es representativa tanto de las organizaciones étnico-territoriales de la región, como de las organizaciones sociales y de víctimas de Bojayá. Sus líderes son familiares implicados emocionalmente en todos los niveles de realización e implementación del cronograma de exhumaciones, asumen tareas de logística, de garantía de participación de las familias, de coordinación y participación en los escenarios de dialogo y construcción de acuerdos interinstitucionales, y lo más importante asumen las tareas de duelo respecto a los familiares y amigos que también perdieron.

Queremos hacer una invitación a un debate más horizontal que permita la expresión de esas “voces” que  aparecen injustamente como instrumentalizadoras del dolor o como monopolizadoras de la verdad. El derecho a la información también pasa por “democratizar” los espacios donde ésta circula y ustedes con su trabajo lo vienen pensando de manera sistemática. Por esto mismo invitamos a que desde el proyecto Hacemos Memoria y desde la Universidad de Antioquia se convoque a un espacio de trabajo con la gente de Bojayá, donde se puedan reconocer sus experiencias con la prensa, con las narrativas que circulan sobre su tragedia y sobre sus  vidas. Espacios que contribuyan, incluso, desde la transferencia de medios y herramientas, a fortalecer las posibilidades de defensa de la autonomía para narrarse,  sin que esto implique un choque frontal con la labor del periodismo, labor que es vital en este tiempo de nuevos y renovados conflictos, pero, igualmente, labor que debe ser crítica, reflexiva y propositiva.

Finalmente queremos invitarla a pensar los efectos negativos que pueden tener este tipo de denuncias donde se ubica al Comité de víctimas como censuradores de una verdad o “dueños” de la memoria. Esta acusación riñe con el reconocimiento de la autonomía y el derecho de las víctimas a construir verdades y memorias en sus propios términos. También desconoce y minimiza las formas de enfrentar la tragedia y las posibilidades de reparación,  donde los muertos, los lugares sagrados, los rituales  y el duelo tienen singularidades que el país aún no reconoce y que son violentadas con la publicación de imágenes de los cuerpos y de las personas sin consentimiento alguno. Contradice también, el reconocimiento de que la comunidad tiene el derecho a la autodeterminación de vivir este proceso y momentos de profundo dolor de manera más íntima y lejos del escrutinio de la prensa o los investigadores que le llegan por montones a esa región.

El debate está abierto para que antes de apresurarse a acusar a unos líderes que se la han jugado todo por la construcción de paz y quienes personalmente enfrentan uno de los momentos más dolorosos de este proceso, nos detengamos a considerar y a interrogarnos sobre lo que consideramos son derechos incuestionables y aparentemente superiores a otros derechos.

 

*Firman

Pilar Riaño Alcalá. Universidad de British Columbia

Natalia Quiceno Toro.  Instituto de Estudios Regionales. Universidad de Antioquia

Camila Orjuela Villanueva. Equipo de enfoque étnico. Centro Nacional de Memoria Histórica

Ricardo Chaparro. Universidad de British Columbia

Ana María Arango. Asinch y Corporaloteca. Universidad Tecnológica del Chocó

Patrick Morales. Equipo de enfoque étnico. Centro Nacional de Memoria Histórica

Aurora Vergara Figueroa. Centro de estudios Afrodiaspóricos. Icesi.

Lina Jaramillo López. Centro de Estudios Afrodiaspóricos. Icesi.

Andrés García Sánchez – Instituto de Estudios Regionales. Universidad de Antioquia.

María Paola Herrera Valencia. Centro de Estudios Afrodiaspóricos. Icesi.

Ximena Castro S. Centro de Estudios Afrodiaspóricos. Icesi.

Yoseth Ariza-Araújo. Centro de Estudios Afrodiaspóricos. Icesi.

Lina Fernanda Buchely. Icesi.

Claudia Howald. Asociación para las Investigaciones Culturales del Chocó. ASINCH.

Martha Nubia Bello. Investigadora. Centro Nacional de Memoria Histórica.

Jesús Alfonso Flórez. Universidad Autónoma de Occidente (UAO).